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Por
Susana Martínez
Es la más experimentada de las autoras jóvenes y ha ido madurando
con sus libros, después de transitar casi todos los géneros.
¿Te sientes como la más veterana de las jóvenes escritoras?
Estoy aprendiendo a sentirme la más joven de las maduras. Creo que
la madurez me sienta bien. Y me la he ganado: acabo de cumplir 40.
Después de transitar en estos años tantos géneros... ¿en cuál te
sientes más satisfecha?
Me seducen las mezclas. En estos momentos, me quedo con algo que
podríamos llamar “novela social-sobrenatural”. Realismo con toques
fantásticos. O fantasía con los pies muy asentados en el suelo.
Tras tantos libros, tantos premios, una larga trayectoria....
¿sigues teniendo esa “pasión exagerada” por el trabajo literario?
La pasión no decrece (soy la primera sorprendida) y, en cambio,
aumenta la obsesión (cosas de la edad, supongo). El resultado es que
escribo una media de ocho horas al día y aun me cabreo cuando tengo
que dejarlo para hacer otras cosas.
En “Crypta” nos presentas a un diablo tramposo pero
enamoradizo... ¿El amor puede redimir incluso al demonio?
No lo creo, pero puede complicarle mucho la vida y llevarle a hacer
el ridículo de un modo espantoso. El amor nos vuelve un poco
ridículos. A todos, incluso al Demonio.
¿Qué es lo que más te sorprendió en el proceso de documentación
de la novela?
Sin duda, la cripta del Convento de los Capuchinos, en Palermo (Sicilia),
donde situé la escena que da nombre al libro. Fue una recomendación
de la escritora Clara Tahoces, quien me dijo que era el lugar más
sobrecogedor que había visto en su vida. Una semana después, yo ya
estaba en Palermo. Me alegro de haberle hecho caso.
¿Escribir se ha convertido en una agradable rutina o sigue siendo
un reto peliagudo?
Detesto la palabra “rutina” aplicada a cualquier ámbito de mi
vida y procuro luchar contra ella con todas mis fuerzas. Escribir me
resulta cada vez más difícil —a pesar del cierto oficio que voy
adquiriendo— pero sigue suponiéndome un quebradero de cabeza, un
reto, a veces un sinvivir y otras —cuando lo consigo—, un éxtasis.
Es una mezcla adictiva, a la que no sabría renunciar.
¿Sigues siendo tan lectora como años atrás?
Aun a riesgo de decepcionarte, debo admitir que leo mucho, pero
no tanto como quisiera. Sueño con lo mucho que leeré cuando mis
hijos crezcan y yo no sienta tanta urgencia por escribir. Me
gustaría disponer de otra vida, paralela a ésta, sólo para leer. De
momento, le robo horas al sueño para leer todos los días unas dos
horas.
¿Crees que el ser escritora te hace ser más amable como crítica y
ser más comprensiva con el trabajo de los otros escritores?
Sin duda, y también me carga con una enorme responsabilidad, que me
pesa cada vez más. Intento dejar mis gustos a un lado, tener en
cuenta ciertas características del autor —su edad, por ejemplo— y,
sobre todo, utilizar mucho el sintagma “en mi opinión”. A pesar de
todo, cada vez que expreso un juicio poco favorable sobre un libro
me pregunto si no debería dejar la crítica. Por suerte, puede elegir
lo que critico, y suele ocurrir más bien lo contrario: me permito el
lujo de recomendar buenos libros a quienes aún no los conocen.
Tras tantas lecturas... ¿de mayor a quién quisieras parecerte?
¿cuál sería tu idea del “lo he conseguido”” como escritora?
Hace muchos años que conseguí mis sueños como escritora y, aunque
suene grandilocuente, he logrado mucho más de lo que esperaba. Me
gustaría, eso sí, ya que me pides deseos de futuro, ser muy
consciente del momento en que debo dejar de publicar, y no
rebasarlo. Y, si puede ser, que me queden aún unos diez años para
leer algunos de los libros que me aguardan.
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