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                II

 

El sol abrió la boca

y nos echó un vaho caliente que, por un rato, nos hizo ver borroso.

 

¿Será el sol un dragón dorado que entretiene su celeste aburrimiento lanzando de repente esas llamas?

 

Mirábamos el mar

                     la gente

                     las pelotas y

                     las piedras 

envuelto todo en un velo de gasa.

Mirabas también las palmas de tu mano

y pensabas si esos caminos dibujados

tenían relación con algún camino real

                                                               transitado por la gente

                                                                                                      por tus pasos.

Entonces  preguntaste

y tus ojos parecían no tuyos

sino del dragón dorado que también nos miraba.

 

¿Será que a veces las preguntas brillan tanto adentro de nosotros que hacen relucir los ojos?

 

Preguntaste por la gente, la lengua, las monedas, las costumbres de mi tierra.

Preguntaste

                    también

si la arena era suave y tersa y oscura como esta.

Preguntaste por los caminos que llevaban a ella y de regreso.

Dibujamos en la arena mapas

de tu tierra y de la mía

y también los caminos que seguían los aviones, los barcos, los recuerdos.

Descubriste entonces que esos caminos eran los mismos

que estaban dibujados en tu palma

y en la mía.

                                                             (Para Claudi)  

 

 III

 

Dicen que el mundo se ha hecho pequeño

porque ahora tenemos internet

teléfonos

satélites.

Pero si echas de menos a alguien que está lejos

sabes que el mundo es ancho

                                                inabarcable 

                                                                     ajeno.

¿Y si el mundo fuera una pequeña pelota de plata?

Cabría en tu mano y al cerrar el puño tendrías a tu lado a quien extrañas.

Y si esa esfera de plata tuviera otras muchas

pequeñas

adentro

juntas

al moverla harían fiesta.

Y si apretaras tanto tu puño

y con tanto amor

y con tantas ganas de acercar a los que están lejos

que tomara la forma de un corazón

sonoro

risueño

lo colgarías de tu cuello

y sabrías que el mundo es pequeño

pero inmenso

y tuyo.

                                                             (Para Paula)


 

VII

 

¿Hay un reloj que pueda medir el tiempo que pasa sin ver a los que quieres?

Porque cuando estás con ellos,  y te diviertes,

el tiempo pasa muy rápido.

Pero cuando esperas que algo suceda,

o que alguien llegue,

o que tú vayas a verlo,

es tan lento,

se demora tanto.

 

¿Hay una regla que pueda medir todas las distancias?

En los mapas, todo se ve cerca

pero cuando quieres cruzar tanta tierra y tanto mar

no es tan fácil

                        y es muy largo

                                                 y haces mucho tiempo

y no siempre puedes. 

Y el tiempo es mucho,

la distancia es mucha.

 

¿Sabes que  hay algo que a pesar del tiempo y a pesar de la distancia,

siempre da la cantidad precisa?

No sé como se llama, 

lo tenemos incluido,

entre los pulmones y el corazón,

porque marca sus pautas con latidos

y  respiros.

Y me dice, siempre, que te quiero.

Mucho.

                                                               (Para Adrià)

 

 XII

  

Sonrío

un vaho luminoso me envuelve.

Toco esa seda agitada de brillos,

los dedos se pringan,

las uñas reflejan mi rostro.

Y es tibio

y se ensancha al balancear mi brazo.

Agito las piernas

y un huracán de alegría dorada

baila en torno.

Me giro, me apoyo en los brazos,

levanto la cara.

Las luces pequeñas inundan también el tapiz.

¡Que venga la perra a olfatear su reflejo!

¡Que vengan todos y miren

y sientan
 

el suave latir de los visos!

Ninguno se acerca

y el viento se lleva rumores de luz.

Siento frío,

siento miedo.

Llega la de ojos hermosos

               de oscuro cabello que aroma un halo de paz.

Me toma en sus brazos.

Sonrío

y un vaho luminoso me envuelve.

                                                                                                 (para Elia)

 

La autora

         Roxana Elvridge-Thomas  (Ciudad de México, 1964). En 1990 obtuvo el Premio Nacional de Poesía Joven “Elías Nandino”; en 1993 el Premio Nacional de Periodismo Juvenil “Elena Poniatowska”, en el área de Entrevista; en 1998 el Premio Nacional de Ensayo “El Privilegio de la Palabra (Instituto de Cultura de Yucatán) y en 1999 el Premio Nacional de Poesía “Enriqueta Ochoa”. Ha obtenido las becas del Centro Eurolatinoamericano para la Juventud (CEULAJ), de España, en 1993 y la de Jóvenes Creadores, del FONCA, en el periodo 1997-1998, ambas en el área de poesía. Ha publicado “Memorias del aire”, dentro del libro colectivo Labrar en la tinta (UNAM, 1988), El segundo laberinto (UNAM, Colección El ala del tigre, 1991), La fontana (UAM, Colección Margen de poesía, 1995), Imágenes para una anunciación (Casa Juan Pablos, 2000), La turba silenciosa de las aguas (UAEM/La tinta del alcatraz, 2001), Fuego (Lunarena, Col. Poetasdeunasolapalabra, 2003) y  Xavier Villaurrutia …y mi voz que madura (Fondo Editorial Tierra Adentro, 2003).  Su poesía ha sido recogida en numerosas antologías en México, España, Canadá y Francia. Poemas, ensayos, artículos, y entrevistas suyos han sido publicados en revistas y suplementos culturales del país y del extranjero. Asimismo, desde 1995 ha dirigido numerosos espectáculos teatrales en diversos teatros y espacios culturales de la República Mexicana. Actualmente es miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte.