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Alba Editorial. Colección
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Algunas imágenes impresionantes, para empezar
El secreto de la autora
Conozco una estupenda forma de viajar: a través
de los amigos, de nuestra gente especial. Muchas veces aprendemos a amar algunos
lugares en función al cariño que tenemos a quienes los habitan. Algo parecido a
eso me pasó a mí con América Central, donde tengo algunos amigos inolvidables:
Alejandra Castro, Rafael Francisco Góchez, Roberto Cortés, Javier Alas... de su
mano, en más de una ocasión, he recorrido las tierras de ese istmo que es
Centroamérica, y de su mano espero volver muchas otras veces. He escrito mucho
sobre esas porciones de tierra que son los países que lo firman: Guatemala,
Honduras, Costa Rica, El Salvador, Nicaragua, Panamá... Y espero seguir
haciéndolo. Mi personal álbum de fotos centroamericano 1) HEMEROTECA a) La «vulnerabelidad» centroamericana
La región centroamericana está más expuesta que
otras a ciertos fenómenos naturales: el Caribe es una cuna habitual de ciclones,
y las placas tectónicas sufren movimientos frecuentes (como ocurre también en la
costa occidental de Norteamérica). Sin embargo, los mismos fenómenos climáticos
o geológicos no producen el mismo impacto que en los países más desarrollados:
Centroamérica es más vulnerable. Esto no es una consecuencia de las catástrofes sino la causa por la que los fenómenos naturales se convierten en catástrofes. Una sociedad con un nivel de vida modesto pero cohesionado es más resistente que una sociedad con bolsas de riqueza y pobreza extremas. Según datos del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) de 1998 —anterior al huracán Mitch— un cuarto de la población en Centroamérica «quedaba excluido del progreso de la comunidad»: desde el 21 por ciento de los ciudadanos de Honduras hasta el 29 por ciento de los guatemaltecos no participaban en el —ya exiguo— desarrollo que su país pudiera alcanzar. El Banco Interamericano de Desarrollo insiste en la misma conclusión: «La diferencia de ingresos entre ricos y pobres en América Latina es la mayor en el mundo». Fuente: Informe «Solidaridad Internacional», enero 2002. b) De un par de correos electrónicos Mi amigo Javier Alas, a quien estuve preguntando algunos datos durante la escritura de la novela, me contó lo siguiente:
Tuve que ir a Oriente prácticamente cuando
empezaba el huracán. Dejé el carro en un estacionamiento a la salida de la
ciudad y tomé un bus hacia Zacatecoluca, precaviendo cualquier cosa. Hice muy
bien. Cuando fuimos a almorzar, nos empapamos: la tormenta había cobrado fuerza,
luego de omnipresencia. En el viaje de regreso vimos ya algunos tramos de la
carretera inundados; tanto, que el agua alcanzaba casi la mitad de la altura de
las llantas del autobús. Vehículos sedán varados, varios accidentes; y en el
camino rural, los rostros de las gentes, afuera de sus casas, cubriéndose con
plásticos, conversando, preocupados junto al río cercano, amenazante. Lo que viene a continuación pertenece a otro correo electrónico, esta vez de mi amigo Roberto Cortés, de Costa Rica: Cuando empezó el Mitch en el 98. todos sabíamos, más o menos, el efecto que iba a tener. Como venía de Venezuela e iba a pasar cerca de la costa de América Central, ocurriría seguramente lo mismo que pasó con el Juana en el 88 y el César en el 96: se iban a desatar temporales en la costa del Pacífico, se iban a inundar algunos pueblos, iba a haber derrumbes en la carretera, y cosas así. Pero iba a pasar más lejos que el César, tenía menos expectativas que el Juana (porque ese sí pudo haber «pegado» directamente acá, aunque pasó por toda Nicaragua luego). Entonces el paso por Costa Rica fue ligero, no tuvo tanto drama como el César. El horror fue luego: el horror fue ver que también pasó un poco ligero por Nicaragua y cuando llegó frente a Honduras un frente frío lo detuvo ahí, devastando todo por las masas de nubes y lluvia que generó, y ahí estaba también Nicaragua pagando la factura. Costa Rica quedó lejana, pero estupefacta ante tanto horror... c) Un poema Mi amigo Roberto Cortés escribió este hermoso poema durante los días en que el Mitch asoló su país, Costa Rica.
Apurados hacia el «¡basta!»
Resignación de furiosos grises,
Ahora los pies suponen,
Ahora la lágrima junta sus tablas,
O tal vez los ojos sean cimiento,
O que se acumulen ahora los dedos, Ver imágenes del paso del paso del Mitch 2) DOCUMENTACIÓN. Para saber mucho más de huracanes y del Mitch a) Su potencia
Existen diversas categorías de huracanes, según su
potencia: Entre 60 y 118 km/hora se considera tormenta tropical. A partir de 118 km/hora asume la categoría de huracán. A partir de esa velocidad del viento se producen fuertes mareas y lluvias torrenciales. En el caso del Mitch, las olas llegaron a medir más de 5,5 metros. b) Cómo se forman
Es preciso que la temperatura del agua esté por
encima de los 26,5 grados centígrados. Estas temperaturas, más la presencia de
nubes (cúmulos o cumulonimbos) y de humedad, favorecen una fuerte evaporación
junto con la entrada de aire en las capas bajas de la atmósfera, lo que da lugar
a la formación, en aspiral ascendente, de grandes nubes. Crecen mientras están
sobre el agua, y se debilitan cuando «tocan tierra». Se le llama «tocar tierra»
al momento en que llegan a la costa más cercana.
c) Su trayectoria
Es libre, pero en el Atlántico, donde se formó el
Mitch, lo normal es que vaya de Este a Oeste, inducidos por el anticiclón de las
Azores.
d) Un poco de historia El Mitch no ha sido, ni mucho menos, el huracán más potente de la historia. El más potente se formó en 1979 sobre el Pacífico Nor-Oeste, pero no llegó a tocar tierra, con lo cual su fuerza destructiva apenas se hizo notar. El más destructivo fue en Bangla-Desh, en 1970, donde mató a 300.000 personas. e) ¿Cómo se nombran los huracanes? En América existía la costumbre de llamar a los huracanes según el santo del día que se formaban. Por ejemplo, si se formaban el 19 de marzo, era normal llamarles Josefa, o Pepita. La Organización Meteorológica Mundial recogió esa costumbre y llamó a los huracanes por nombres propios de persona. Eso sí: ahora se alternan los de hombre y los de mujer (antes eran siempre femeninos, no preguntéis por qué, cosas del machismo, suponemos). Cada año se establece una lista predeterminada de 42 nombres (21 para la costa Atlántica, otros tantos para la Pacífica), y se va adjudicando un nombre a cada huracán o tormenta tropical según se van produciendo. Algunas curiosidades: Casi nunca se llega al final de la lista, por eso apenas hay huracanes que se llamen, por ejemplo, Zacarías. Además, los nombres se pueden repetir, excepto cuando ha causado víctimas (nunca más habrá un Mitch, pues, ni un Hugo, ni un Andrew, ni un Gilbert). El primero de 1999 se llamó Arlene. El que siguió al Mitch, se llamaba Nicole. El primero de la temporada 2004 se llamó Ágata (en el Pacífico) y Álex (en el Atlántico). Los últimos serán (si llegan a ser) Zeke y Virginia.
a) Control de lectura —¿Cuáles son los motivos que llevan a Aida a abandonar El Salvador? —¿Quién es Marcela? —¿Cómo se llama la perra de Roque? —¿Hay alguien en la novela que juegue al ajedrez? ¿Quién? —¿Recuerdas el episodio del autobús? ¿Podrías explicar por qué motivo Aida se avergüenza de lo que allí sucede? —¿Cómo imaginas a Helena? —¿Quién se pone de parto durante la novela y cómo se llama el niño? —¿Cuál es el país, a tu entender, que sale más malparado del huracán que se describe en la novela? —¿Se diferencia mucho la televisión que describe Aida de la que conoces en tu país? —¿Por qué crees que Aida le reprocha a Helena que no lea los periódicos? —¿Qué sucede en la novela con la pulsera de las tiras de cuero? ¿Qué significado tiene?
b) Trabajos de creación e investigación —Dibuja un mapa del territorio que abarca la novela parecido al que encabeza la misma. Sobre el mismo, traza en un color bien visible el recorrido de su protagonista, marcando bien los lugares donde se detiene. —Escoge ahora uno de esos lugares en los que se ha detenido Aida en su viaje y lleva a cabo una investigación a través de internet, para averiguar todo lo que puedas del mismo. —Ponte en la piel de Helena: escoge un fragmento de la narración de Aida y escribe una carta de respuesta imaginando que eres su mejor amiga y que se la envías a través del correo electrónico. —Intenta escribir un diario durante siete días. Escribe en él lo que quieras: desde tus sentimientos hasta los sucesos diarios. Al final, haz una valoración de lo que ha supuesto para ti la escritura de ese diario. —Averigua si es posible que en la ciudad donde vives ocurra un desastre natural de las características del Mitch. —Averigua (a través de Internet es fácil) cuáles son los países donde se vive mejor del mundo. Investiga por qué motivos se vive mejor en esos países que en el tuyo y por qué en España vivimos mejor que en los países africanos que siempre terminan la lista. Trata de imaginar cómo sería tu vida cotidiana si hubieras nacido en alguno de esos otros países. —Échale un vistazo al álbum de fotos centroamericano de la autora (incluido en esta página) y ponle un título a cada una de las fotografías.
c) Trabajos de reflexión 1) Tras conocer el contenido del apartado 1) a), debatid en clase qué tipo de actuaciones habría que llevar a cabo para que países como El Salvador consiguieran un mayor nivel de vida. 2) ¿Por qué te parece que la discriminación de la mujer afecta al crecimiento económico de países como El Salvador? 2) ¿Qué harías tú si te vieras en el lugar de Aida? 3) Analiza el papel que tienen en la novela los políticos y los periodistas. ¿Tú crees que salen bien parados? ¿Crees que la autora quiere decirnos algo con esto? ¿Crees que se ajusta esta situación a la realidad? 4) ¿En qué situaciones crees que es interesante escribir un diario? ¿Lo escribirías tú? 5) ¿Por qué motivo crees que el Mitch perjudicó, sobre todo, a los más desfavorecidos? 6) ¿Crees que podrías enamorarte de alguien de otro país? ¿Y de alguien de una raza diferente?
4) MATERIAL COMPLEMENTARIO a) Libros: —Huye de mí, rubio, de Óscar Esquivias (Edelvives), habla de los guerrilleros de algún país centroamericano sin definir, pero que tiene rasgos de la geografía que comparte con La ruta del huracán.
b) Películas: —Twister, de Jan de Bont, a partir de un guión de Michael Crichton y Anne-Marie Martin, para asistir al poder destructivo de los tornados, similar al de los huracanes, desde el punto de vista de un científico que estudia ese fenómeno. —El día de mañana, de Roland Emmerich (director de Independence day). Espectacular producción donde se habla de las consecuencias del cambio climático. Y también de huracanes.
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