Primera regla de la seducción: conocer al
otro. Una de las primeras máximas de la adolescencia: no hay momento en la vida
en que deseemos más ser seducidos, ni otro en el que expresemos con más
entusiasmo las pasiones.
¿Leen los adolescentes? El tanto por ciento que lo hace de forma frecuente es
ligeramente superior al de los lectores frecuentes adultos. ¿Qué buscan los
adolescentes en los libros? Es probable que lo mismo que en la vida: emoción,
sensaciones, evasión. ¿Basta con ofrecerles eso para que un libro sea de su
agrado? Por supuesto que no, pero tampoco hay que cometer el error de juzgar el
libro en cuestión desde la óptica de lo pedagógico, sólo desde los crisoles
—siempre subjetivos— de la tan traída y llevada educación en valores. La
literatura para jóvenes debe poder resistir una crítica literaria seria y
rigurosa, como cualquier otra literatura.
En lo que respecta a la literatura para jóvenes, hay muchos motivos para el
optimismo: diversidad de sellos editoriales, magníficos editores, más autores
que nunca (algunos muy jóvenes), y muchos muy comprometidos con sus lectores.
Por tener, incluso comenzamos a tener historia.

Un poco de historia
Todo empezó hace treinta años, cuando Santillana lanzó al mercado la primera
colección dirigida a lectores adolescentes y centrada en asuntos realistas. La
novedad era, precisamente, el
público objetivo al que se dirigía. Ya no eran niños, sino jóvenes. De 12 años
para arriba. Todo el que se ha asomado alguna vez al asunto sabe que hay una
diferencia abismal entre un lector, pongamos, de 10 años y otro de 15.
El realismo fue el primer modo de abordar, con acierto, asuntos que interesaran
a los adolescentes. Comenzaron a aparecer los primeros títulos que hablaban en
su idioma: el descubrimiento del sexo, el gran reinado del amor, los primeros
tanteos amorosos, la importancia de la amistad, las grandes trampas de la vida
(la droga, la anorexia, el sida…). Fue la etapa de Susan Hinton y Rebeldes, o El
chico de la motocicleta. Pronto hubo autores que se atrevieron a hablar ese
lenguaje. Tot et serà près, por ejemplo, del catalán Pau Joan Hernández —una de
las primeras novelas en tratar la eutanasia—, o Montserrat del Amo, con La
encrucijada (ambas publicadas en 1986) fueron dos de los nombres pioneros.
Entonces, la fantasía “a lo Harry Potter”, ya consolidada en el mercado
anglosajón, quedaba aún muy lejos de nosotros.
El nacimiento y posterior auge de esta literatura específicamente para jóvenes
va ligado, por supuesto, a la prolongación de la adolescencia a que obligaron
los nuevos currículos escolares, y a la oportunidad de ciertas iniciativas
editoriales que supieron aprovecharlo. Siempre se habla de los autores, pero el
nuestro es también un país de grandes editores, y
conviene no olvidar los
nombres de quienes hicieron que todo ello naciera y se multiplicara: María Jesús
Gil, Marta Vilagut, Ana María García, Jesús Ballaz, Susanne Etheune, Blanca
Marqués o Alicia Soria, por citar algunos de los nombres imprescindibles.
En 1978 —el próximo año celebrarán el 30 aniversario— Sm lanzó la colección Gran
Angular, ligada al premio del mismo nombre. Poco a poco, otros muchos sellos se
sumaron al fenómeno: Anaya lanzó la mítica colección “Tus libros” —donde todavía
pueden encontrarse algunos clásicos no editados en ningún otro formato—, más
tarde llegarían las colecciones “Espacio abierto” (también en Anaya), “Alandar”
(de Edelvives), “Periscopio” (Edebé). Y, con el tiempo, incluso los grandes
grupos comerciales, antaño completamente ajenos a la literatura para jóvenes, se
apuntarían. Sería el nacimiento de otro tipo de colecciones, también suculentas,
como sus propios títulos: “La escritura desatada” o “Sin límites” (en Ediciones
B), “Serie infinita” (en Montena), etc…
Para qué leer
¿Para qué leen los adolescentes (o para qué leemos todos nosotros)? Existen dos
razones básicas:
1) Encontrar en la ficción un espejo del mundo y de nosotros mismo, que nos
permita reconocernos e identificarnos.
2) Evadirnos, imaginar otras posibilidades, asomarnos a lo que jamás seremos ni
conoceremos. Soñar.
Realismo y fantasía. Una doble tendencia que convive con naturalidad en la
literatura para adolescentes. Y que no sólo responde a las modas del momento.
Marta Vilagut, una de las editoras más veteranas de nuestro actual panorama,
presidenta del Consell Català del Llibre Infantil i Juvenil (CLIJCAT) y
Directora Editorial de Destino Infantil y Juvenil considera que «no es sólo
cuestión de modas, ni de la influencia de otros mercados, como el anglosajón, la
que ha propiciado este interés de los lectores por lo fantástico. Tal vez antes
el lector tenía mayor interés y necesidad de conocer su mundo y ahora, en
cambio, necesita escapar de él».
Evasión o información. He aquí la cuestión.
Tareas
pendientes
Hay aún mucho trabajo que hacer, muchas cuestiones aún no resueltas. La
terminología es una de ellas. Se llama habitualmente “literatura juvenil” a la
que se dirige a lectores de entre 12 y 18 años, pero no es un sintagma
afortunado. Los anglosajones acuñaron el término “Young Adult Fiction” (Ficción
para jóvenes adultos) y lograron algo fundamental: desmarcar la literatura para
jóvenes de la puramente infantil, con la que nada tiene en común. Para
constatarlo basta con imaginar a un chaval de 16 años —tal vez más alto que su
padre— buscando algo de su interés en la sección de libros infantiles de unos
grandes almacenes. Algunos, como Círculo de Lectores, se han dado cuenta de ello
y hace tiempo que separaron la literatura para jóvenes de la infantil en sus
catálogos. El secreto de un buen vendedor, quién lo duda, tiene algo que ver con
la psicología.
Otra iniciativa al respecto es la que han promovido en el último año desde la
biblioteca Civican de Pamplona, al crear un espacio activo donde los libros se
renuevan cada mes y se mezclan con música, películas, juegos de rol y hasta
videjuegos. La responsable de la iniciativa, Villar Arellano, explica que se
trata de lograr “que la biblioteca se convierta en un espacio de referencia, que
descubran que en ella pueden encontrar respuesta a sus intereses y, de paso,
establecer puentes entre lenguajes diferentes”, dice Arellano. También en la
Fundación Germán Sánchez Ruipérez de Salamanca existe una biblioteca
específicamente orientada a lectores jóvenes y separada de la infantil.
Por motivos idénticos, también muchas editoriales han renovado sus colecciones
para jóvenes, dotándolas de una estética más moderna y eliminando toda
referencia que pueda sonar pedagógica (como la tan discutida clasificación por
edades de los títulos). Convendría, por último, analizar el tratamiento que aún
recibe la literatura para jóvenes en las librerías. Mezclar la literatura
juvenil con la infantil es lo mejor que podemos hacer para ahuyentar a
adolescentes. La literatura para chicos de 14 a 18 años debería disponer de su
espacio propio, cerca de otros productos de ocio que sean de su agrado. En
España, sólo lo ha entendido así la cadena Fnac, que dispone de grandes y
amplios espacios para los jóvenes lectores, cerca de la sección de cómic y a
veces de la de informática. No ocurre lo mismo con El Corte Inglés, cuyo
departamento de librería infantil sigue ofreciendo un totum revolutum en el que
difícilmente podremos encontrar a un adolescente buscando, emocionado, algo que
leer.

Prescripción
Otra palabra clave en este microuniverso: Prescripción o no. Los editores de
libros de texto ofrecen una amplia oferta de literatura directamente a los
centros. Tiene algunas ventajas: el bajo precio y la posibilidad de contar con
los autores en una charla con los alumnos, propiciada por las propias
editoriales, son las más claras. Los inconvenientes son un apego a menudo
demasiado grande de los libros a los currículos escolares y una excesiva
prudencia en el tratamiento de los temas (forzada por convicciones religiosas o
por simple ánimo de complacer a la mayoría lectora o compradora, según los
sellos). Aunque, por supuesto, nada de ello ahuyenta la calidad, que la hay. Es
tarea del profesor reconocer qué libros interesarán a sus alumnos. No sólo el
criterio de los comerciales puede servirle de guía, también existen
publicaciones especializadas —la revista CLIJ—, servicios de consultoría
institucionales, como el programa SOL, del Ministerio de Educación y Cultura:
http://www.sol-e.com/— o el inefable propio criterio. El mejor profesor es
aquel que se toma la molestia de buscar lecturas que seduzcan a unos alumnos a
quienes conoce bien. Para pedagogos interesados en desarrollar estos mecanismos
de seducción lectora, resulta imprescindible conocer la más reciente obra de un
escritor y también maestro muy sensibilizado con esta cuestión, La literatura y
la vida, de Emili Teixidor (Ariel).
En este terreno, resulta una enorme ventaja la adecuación de los temas y los
tratamientos a la sensibilidad de sus lectores. Tiene sus detractores esta
literatura rabiosamente contemporánea, tal vez porque no se han dado cuenta que
el tema nunca decide la calidad de una obra y que la literatura lleva siglos
tratando los mismos asuntos, pero adecuándolos a la sensibilidad de cada nueva
época. La única regla de oro que un libro para jóvenes no debe infringir es
esta: Prohibido aburrir. La mayor responsabilidad de quien escribe para jóvenes
siempre es mantener la seducción en todo momento.
En España hay autores veteranos en en estos mimbres: Jordi Sierra i Fabra,
Montserrat del Amo o Juan Manuel Gisbert abrieron una tradición hasta entonces
inexistente. De entre la siguiente hornada pueden citarse los nombres de unos
cuantos imperdibles: Elia Barceló, César Mallorquí, Agustín Fernández Paz,
Alfredo Gómez Cerdà, Carmen Gómez Ojea, Gonzalo Moure, Fernando Lalana, Gemma
Lienas… Y, por supuesto, los de otros autores, tal vez más vinculados a la
literatura sin adjetivos, pero igualmente notables cuando se dirigen a los
adolescentes: Benjamín Prado, Lorenzo Silva, Óscar Esquivias, Martín Casariego,
Andreu Martín o José María Merino. Sus nombres en cualquier cubierta son
garantía de calidad y buen hacer.
La otra literatura para jóvenes
Aunque está también la otra literatura, la no prescriptiva, la que no dispone de
una red comercial que la ofrezca directamente a los educadores. Aquella que pasa
por sellos como Destino Infantil y Juvenil, Montena, Ediciones B, Salamandra...
No sirve para formar lectores, sino que apela a lectores ya formados. No busca
indecisos, sino convencidos. No ofrece brevedad, sino abundancia. Habla en los
códigos de la literatura de masas y tiene todas las ventajas y todos los
inconvenientes de la gran literatura comercial. De vez en cuando permite el
nacimiento de un trébol de cuatro hojas, pero también son frecuentes las malas
yerbas.
Se trata de un terreno muy reciente en nuestra literatura. La fantasía ha
irrumpido tarde en España, y lo hizo primero de la mano de los grandes
especialistas: los anglosajones. J. K. Rowling no es, pues, un fenómeno aislado.
También están Phillip Pullman, Chistopher Paolini, Angie Sange, Stephenie Meyer,
Eoin Colfer, Cornelia Funke o Jonathan Straub, algunos recién llegados a
nuestras librerías. Por primera vez, sin embargo, podemos añadir nombres
españoles a esta serie. Los de Laura Gallego, Maite Carranza, Rafael Ábalos o
incluso Carlos Ruiz Zafón. La fantasía ha llegado a nuestros imaginarios. Otra
cosa es que se trate de una fantasía con raigambre española o de otra que bebe
en los referentes anglosajones que lastran este tipo de historias, pero eso es
cuestión para otro análisis. Sin embargo, el optimismo también se ha instalado
en nuestras conciencias: “Estamos casi al mismo nivel que el mercado anglosajón,
tanto en cantidad como en calidad”, opina la agente literaria Sandra Bruna, una
de las pocas que dedica gran parte de su actividad profesional a la literatura
infantil y juvenil, “y esto era, sencillamente, impensable hace diez años”.
Optimismo
Así pues, el panorama es optimista. Gran número de lectores. Fenómenos
editoriales avalados por miles de lectores. Gran variedad temática. Nombres que
aterrizan con fuerza en el mundo de la literatura para jóvenes. Variedad,
calidad, relevo generacional… Y tampoco faltan, a pesar de los más pesimistas,
muchos jóvenes con ganas de leer. Aunque cuidado, advierte la editora Alicia
Soria, porque “el mercado del ocio adolescente cambia a gran velocidad y dentro
de cinco años, las cosas tal vez sean muy distintas. Lo único que puede hacer el
mundo del libro es ofrecer calidad, no descuidar los contenidos y pensar en el
lector”.
ESCRITOS PARA SEDUCIR
-Varios Autores: Relatos de hoy I. Antología para jóvenes lectores (Castali)
-Ábalos, Rafael: KOT (Montena)
-Barceló, Elia: Cordeluna (Edebé) / El caso del artista cruel (Edebé), La mano
de Fatma (Alba)
-Bosch, Lolita: M. (SM)
-Casariego, Martín: Y decirte alguna estupidez como por ejemplo te quiero
(Anaya)
-Carranza, Maite: Trilogía La guerra de las brujas: El clan de la loba, El
desierto de hielo, La maldición de Odi (Edebé)
-Cela, Jaume: Silencio en el corazón (La Galera)
-Del Amo, Montserrat: El abrazo del Nilo (Bruño)
-Esquivias, Óscar: Huye de mí, rubio (Edelvives) / Mi hermano Etiénne (Edelvives)
-Fernández Paz, Agustín: Noche de voraces sombras (SM) / Un radiante silencio
(Anaya) / Aire negro (SM) / Trece años de Blanca (Edebé)
-Gallego, Laura: La emperatriz de los etéreos (Alfaguara), El inventor de
relojes extraordinarios (SM), Finis Mundi (SM) / La hija de la noche (Edebé) /
El valle de los lobos (SM)
-Gómez Ojea, Carmen: Nunca soñé contigo (Lóguez) / El diccionario de Carola (Edebé)
-Hernández, Pau Joan: La tripulación del pánico (Edebé)
-Lalana, Fernando: La momia de Leningrado (Alfaguara) / Perpetuum Mobile
(Alfaguara), Ámsterdam solitaire (Alfaguara), Morirás en Chafarinas (SM)
-Lienas. Gemma: Billete de ida y vuelta (Muchnik)
-César Mallorquí: La catedral (SM)/ La mansión Dax (SM) / El último trabajo del
señor Luna (Edebé) / La fraternidad de Eihwaz (Edebé), La caligrafía secreta
(SM)
-Merino, José María: El oro de los sueños, Alfaguara
-Moure, Gonzalo: A la mierda la bicicleta (SM) / El síndrome de Mozart (SM) / El
beso del Sahara (Alfaguara)
-Prado, Benjamín: Nunca le des la mano a un pistolero zurdo (Punto de Lectura)
-Sierra i Fabra, Jordi: Donde esté tu corazón (Edebé) / Campos de fresas (SM) /
Radiografía de chica con tatuaje (La Galera)
-Silva, Loreno: Algún día, cuando pueda llevarte a Varsovia (Anaya)
-Teixidor, Emili: Amigos de muerte (SM)
-Zafrilla, Marta: El mensaje cifrado (SM)
Para profundizar más:
-Colomer, Teresa: La formación del lector literario. Narrativa infantil y
juvenil. Fundación germán Sánchez Ruiperez.
-Pagès, Vicenç: De Robinson Crusoe a Peter Pan. Un canon de la literatura
juvenil. Proa (sólo en catalán)
-Teixidor, Emili: La literatura y la vida. Ariel
Foto 1: Care Santos y Jordi Sierra i
Fabra. La foto se tomó en una visita al hospital de Badalona Can Ruti, en abril
de 2009.
Foto 2: Care en Cartagena, con los lectores y lectoras del Premio Hache 2008-09.