Inicio    |    Biblioteca    |    José Luis Piquero

 

Mensaje a los adolescentes

 

                                                           Esto no debéis intentar repetirlo en casa, niños

 

Niños, probad a hacerlo en casa
y sabréis lo que es bueno sin que os lo cuente nadie.
Recordad que no hay nada que vuestros padres puedan enseñaros.
Ellos no son vosotros.

Acostaos, bebed.
Hace siglos que están ocurriendo estas cosas
y nadie ha demostrado
que sean mucho peores que una guerra.
Existe un paraíso tras esa raya blanca.

Cuanto hace daño y no hacéis,
niños, lo estáis cambiando por la serenidad.
¿Os han hablado de ella? ¿Sabe alguno a qué sabe? 

Si ignoráis quiénes sois evitad el rodeo
de averiguarlo uniéndoos a los demás. Una plaza en el grupo
es un puesto en el mundo;

                                               ahora bien,
                                                                       niños,
que levante la mano el quiera morirse siendo útil y sensato.
Tenéis razón: no es nada divertido. 

Por lo demás, sé que no sois felices,
a lo mejor pensábais que todo el mundo os odia. Pues es cierto,
pero sobran motivos: sois jóvenes y estúpidos
y no tenéis derecho
a todo ese futuro que vais a malgastar (como nosotros).

Entonces, ¿estáis solos? Así es.

Aprended a ser libres, practicad la mentira;
sabréis por experiencia que es más sólida que una verdad pactada.

Y sobre todo,
                       niños,
                                 no creáis
que la vida merece la pena de vivirse
sólo porque lo juren desde siempre los peores canallas.

 


* * *

 

Lázaro otro

 

                                                           A Judith Gallimó

                                              

                                                           Y salió el muerto, atado de pies y manos
                                                           con vendas y envuelta la cara en un sudario

                                                                                   Jn, 11, 44

 

He perdido la voz. Me he perdido a mí mismo.

Ausente sin saberlo,
he vuelto para ver que reconozco a todos
excepto a uno: a mí,
ese que balbucea —es tan extraño—
soy yo, pero no soy
quien esperaba ser. Le odio. 

¿A dónde fui sin ir? ¿Me he quedado dormido? Juraría
que oí saludos, besos, una fiesta.
¿Dónde puse mi copa? Sólo me fui un momento.
Ese fin de semana deslumbrante que todos esperamos
cada maldito día laborable
y yo me lo he perdido. ¿O me he perdido en él?
Hubo una madrugada. Se podía morir por un secreto,
jadeando de pura felicidad, hablando horas y horas.

 ¿He de escribir yo sólo todas estas palabras? Las tareas
se me han acumulado, minuciosas y absurdas,
y ahora soy un secreto gritado al mundo.
Esta es mi casa y estos son mis poemas.
Toca con los nudillos en mi pecho, toc toc, estoy vacío
y ya no sé.

Como uno más habré de confundirme entre la gente
que ya no es joven y gasta dinero.
Sólo me moriré de calendario, ¿qué más da?
Pensándolo despacio, cierto es que me parezco al que ya soy
y su cháchara tonta es mejor que el silencio.

Y él nunca morirá de buen amor
ni maldita la falta que le hace.

 

El autor

José Luis Piquero nació en Mieres (Asturias) en 1967, aunque vive en Oviedo. Ha publicado tres libros de poemas Las ruinas (Versus, 1989), El buen discípulo (Deva, 1992) y Monstruos perfectos (Renacimiento, 1997), con el que resultó finalista del Premio de la Crítica. Escribe también crítica de libros y de arte en diferentes medios de comunicación, y en lengua asturiana ha publicado dos traducciones: Cincuenta poemes ingleses del sieglu XX y La gata en el teyau de cinc caliente, de Tenessee Williams. Ha sido antologado en distintas ocasiones.