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Hablando sola: autoentrevista de Care Santos

Montena publica Dos Lunas, la que considero mi primera novela de fantasía. Podría haber escrito «ciencia-ficción», pero no estoy segura de acertar con la etiqueta. Dos Lunas es una novela épica, de aventuras futuristas, ubicada en un mundo que por desgracia podría ser el nuestro: sólo hay que dejar pasar el tiempo cruzándose de brazos.
En mi habitual quehacer, suelo formularme infinidad de preguntas a las que trato de buscar respuestas (no siempre con éxito). Lo que no es muy normal es que lo haga por escrito. Si lo hago esta vez no es porque me encuentre interesante, o porque quiera hacer caso a Machado (Antonio) en aquello de que «quien habla solo / espera hablar a Dios un día». No, nada de eso. Es sólo porque las estrategias de la promoción editorial dictan sus reglas, y yo las acato, qué remedio. Así que heme aquí, hablando sola. Espero contarme cosas que no sepa y no aburriros demasiado.

¿Cuál es el punto de partida de DOS LUNAS?

—Llevaba cinco o seis años dándole vueltas a la posibilidad de escribir algo sobre la máquina del tiempo. No sólo por la fascinación que la novela de H. G. Wells ha ejercido sobre mí desde muy joven, también porque me fascinan lo limitados que somos como criaturas: sólo podemos conocer de verdad los 80 años que nos toca vivir, todo lo demás se escapa a nuestra experiencia y muchas veces a nuestra comprensión. Me apetecía escribir una historia de gente más afortunada que nosotros: gente que es capaz de moverse por el tiempo como nuestra generación ha conseguido moverse por el espacio.
Pero a la vez, quería escribir una novela de aventuras, épica. Aventuras futuristas, en cierto modo emparentadas con la ciencia ficción clásica. En ese sentido, lo que ocurre en la novela tiene una base científica llevada a sus máximas consecuencias. Todo parte de una pregunta: ¿Qué le pasaría a nuestro planeta, y a nosotros con él, si un enorme asteroide provocara una carambola planetaria? Parece extraño, pero puede ocurrir.

Aunque yo no sería yo, como escritora, si no entremezclara elementos de la tradición más clásica en esta trama. ¿Cuáles son estos elementos?

—La mitología clásica está presente. Los dos personajes principales, Eilne y Níe (chica y chico), son gemelos, separados al nacer por culpa de la acción de un tirano terrible. Hay algo de la leyenda de Rómulo y Remo en su historia. Y también de Cástor y Pólux, los Géminis del zodíaco. Y también puede entreverse algo del Éxodo bíblico en la historia de estos dos hermanos. Creo que la novela contiene también una crítica bastante evidente a los fundamentalismos religiosos. Y hay personajes reales ambientados dentro de la trama de ficción. Son regalos al lector, que quienes descubran disfrutarán mucho pero que, en realidad, no es necesario conocer para disfrutar la novela.

Ya que esta es una novela para jóvenes, no está de más preguntarse qué es una novela para jóvenes.

—Además, esta es, lógicamente, una de las preguntas que más veces me formulo cuando escribo novelas como ésta. Para mí, una novela para jóvenes no es en absoluto diferente a cualquier otra novela. Es imprescindible, IMPRESCINDIBLE, exigir calidad y rigor cuando se escribe para jóvenes. No es admisible ninguna rebaja, de ningún tipo. Prefiero mil veces que los lectores jóvenes me reprochen una cierta dificultad de la novela a que me reprochen su facilidad hasta el aburrimiento. Cuando les visito en los institutos se lo digo: «No esperéis jamás de mí una novela fácil y tonta». Una novela interesante impone retos al lector, y yo aspiro a escribir este tipo de novelas. Hay que escribir, desde luego, desde el respeto hacia ellos, los lectores. Y si puede ser desde la simpatía, mejor aún. No hay reglas del juego en esto, por muchos que otros quieran hacernos creer que sí, aunque creo que es indispensable conseguir que el lector joven se identifique con lo que lee. Esta identificación suele venir a través de los personajes. Por eso es bueno que los protagonistas tengan la edad del lector.

¿Pienso en el lector mientras escribo?

—Creo que existen dos tipos de libros: aquellos en los que el autor se ha preocupado del lector y aquellos en los que no. En los primeros el autor escribe para otro, trata de seducir, impresionar, emocionar. En los segundos, el autor escribe para sí mismo y tal vez para su grupo de amigos. Yo, desde luego, siento que pertenezco al primer grupo. Para mí la literatura es seducción y emoción. Siempre pienso en mi lector, siempre, escriba lo que escriba. Incluso me gusta imaginar su cara cuando termino las escenas más emocionantes. Y, por supuesto, la literatura para jóvenes debe perseguir también la emoción y la seducción. Al lector joven, que demanda emoción mucho más que otros, no puedes venirle con ensimismamientos. Hace falta una historia muy poderosa y oficio para contarla.

 

Entrevista extraída del número 1 de la revista BUKS editada por Random House Mondadori.
Las ilustraciones son de Pablo Uría