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NOTA PARA LOS LECTORES: Las dos páginas que siguen son el
inicio de un libro que nunca pude terminar. Tenía que ser la
continuación de la novela amor en minúscula, que aunque ha
funcionado muy bien en otros países en España tuvo unas ventas discretas
y, por lo tanto, la segunda parte fue abortada por la editorial cuando
llevaba apenas diez páginas escritas. Es la primera vez que enseño este
inicio de la novela que se habría llamado Wabi Sabi. Preludio «Es mejor viajar lleno de esperanza que llegar.» proverbio japonés
Venimos de la nada y hacia la nada vamos. Entremedio somos algo. Y ese algo es lo que llamamos vida. Tiempo atrás estuve muy preocupado por medir ese chispazo entre la oscuridad que nos precede y la que nos seguirá. Pensaba en la existencia como en una bolsa más o menos cargada de horas, días, meses y años, y me angustiaba pensar que cada minuto vivido era un minuto menos en la cuenta atrás hacia un lugar que desconozco, pero al que no tengo prisa por llegar. Todavía no había comprendido que unos segundos de intensa felicidad dejan una huella más profunda en el alma que toda una vida de monótona espera. Hasta los treinta y siete años viví encerrado en una cárcel de soledad que había edificado yo mismo ladrillo a ladrillo. Tras cerrar los muros a mi alrededor, enterré la llave para que nadie pudiera entrar. Pero un gato callejero logró desenterrar la llave y, con felinas artimañas, me hizo abrir las puertas al mundo.[1] Desde entonces vivo con él ―Mishima para los amigos― y con algunos extraños compañeros de viaje. Justo encima de mi apartamento en el barcelonés barrio de Gracia vive Titus, un viejo redactor de libros inspiradores al que ayudo cuando me lo permiten las clases en la universidad. Mishima me llevó hasta él, y él me llevó hasta Gabriela, de quien estoy enamorado pese a que casi no sé nada de su pasado, ni de su presente cuando no está conmigo. Tal vez por eso no quiere vivir conmigo, y me he visto obligado a hacer de novio moderno: una pareja, dos apartamentos. Durante un tiempo compartí casa con Valdemar, un físico excéntrico que exploraba la cara oculta de la luna, y que un buen día desapareció dejando su telescopio montado en la cocina de Titus. De él nos ha quedado un manuscrito con sus investigaciones, además del vacío irreparable que dejan aquellas personas que han significado algo para nosotros. Cuando Titus y yo nos ponemos melancólicos, volvemos a montar el telescopio y apuntamos a la luna, como si Valdemar hubiera encontrado el modo de llegar hasta allí y fuera a mandarnos señales de un momento a otro. Algún día volverá o nosotros volveremos a él, porque todos formamos parte de este gran puchero cósmico ―siempre al fuego― en el que no se desperdicia ningún ingrediente. Con el tiempo he comprendido que no es la soledad, sino los demás, el modo de conocerse a uno mismo. Una vez has renunciado a todo, es relativamente sencillo subir a una montaña y esperar a que se consuman los días sin más. Lo difícil, el arte supremo, es relacionarse con quien es diferente a ti, porque nuestra habilidad en este campo nos da nuestra verdadera medida como seres humanos. Yo debo ser un simple aprendiz, pues no dejan de sorprenderme las decisiones de las personas de mi alrededor. «Alrededor» puede ser una palabra muy amplia, como comprobaría la primera mañana de junio, cuando bajé las escaleras de mi casa y abrí el buzón... [1] Ver amor en minúscula. El autor
Francesc Miralles
(Barcelona,
1968) es licenciado en Filología alemana y ha trabajado en el mundo
editorial. Tras escribir dos ensayos sobre Frank Kafka, Frank Kafka
(Oceano, 2000) y Hermann Hesse, Herman Hesse (Oceano,
2001) pensados para escuelas, empezó a escribir novelas. Durante un viaje a
la India, escribió Perdut a Bombai (Cruïlla, 2001). Ganó el
premio Gran Angular de novela juvenil con su obra Un Haiku per a
l’Alicia en 2002. Ambas novelas fueron muy bien acogidas por los
lectores y se han realizado reimpresiones. En 2006 ganó el Premio Columna
Jove con Interrail (Columna). Ha escrito y sigue escribiendo
obras de autoayuda como El Zen de la empresa o
Conversaciones sobre la felicidad (ambas publicadas por
Planeta/Alienta). En 2006 Ediciones B-Vergara publicó su novela Amor
en Minúscula, que ha conseguido más de 8 traducciones. Grup 62 y
Martínez Roca han publicado los thrillers El Cuarto Reino y
La profecía 2013, ambas con Leo Vidal como protagonista. En
2007 Ediciones B publicó el primer título de la serie de misterio dirigida
al público juvenil titulada El círculo ámbar. En Octubre del
año siguiente publicó, junto a Care Santos, El mejor lugar del
mundo es aquí mismo, en castellano con Urano y en catalán con Ara
Llibres. En 2009 publicó su obra Ojalá estuvieras aquí, en
catalán con Ara Llibres y en castellano con Ediciones B. En este mismo año
ganó junto a Alex Rovira el VIII Premio Ciudad de Torrevieja de Plaza &
Janés con el libro La última respuesta ya traducido a 8
idiomas. Más recientemente, tres nuevas novelas de Francesc Miralles
han sido publicadas: el thriller El legado de Judas¸ escrito a
cuatro manos con Juan Bruna y lanzado en catalán por Columna y
castellano por Martínez Roca; Retrum¸ una novela juvenil
publicada en castellano por La Galera y catalán por Estrella Polar; y
Un corazón lleno de estrellas, escrito conjuntamente con Álex
Rovira. No te pierdas su nueva novela: El secreto de Picasso |