«La fidelidad literaria se me da mal»

—Tiene publicadas novelas en Seix Barral, Diagonal, Edebé, Alba, Pre-Textos... Nos ha salido usted algo promiscua editorialmente hablando. ¿Es fruto de su carácter prolífico, literariamente escribiendo?
—La fidelidad literaria se me da mal. Igual que no basta en la vida con un solo hombre, un solo editor no es suficiente. Unos complementan a los otros. Y gracias a esta vida editorial disipada he conocido a algunos de los editores (y editoras) más interesantes de este país. Ya pensaré en dedicarme a uno solo cuando llegue la vejez y empiece a avergonzarme de algunas cosas que he hecho.

También se da a la crítica literaria. ¿Cómo es eso de estar en misa y guardar la ropa, o nadar y repicar a la vez?
—Cada vez peor. Me salen sarpullidos cada vez que tengo que hablar mal del libro de un colega. Cualquier día lo dejo.

¿Cómo reacciona una cuando le comunican que ha ganado su primer premio literario? Por ejemplo, el Ateneo Joven por una novela titulada Trigal de Cuervos ¿Se pone a gritar como un futbolero o una histérica? ¿Reacciona al estilo L'Oreal y dice «porque yo lo valgo? ¿Ingresa en un estado catatónico?
—Yo invité a cenar a un amigo. Siento decepcionarle, pero me tengo por mujer serena y de costumbres sencillas. No suelo gritar como una histérica, no soy nada guays y nunca he perdido el jodido sentido. Ya sería hora.

—El libro Hog Dogs fue Premio Gran Angular de libros para jóvenes en el año 2000. ¿Estás satisfecha con las ventas que de él se hicieron, entendiendo por ventas las lecturas que se suponen tiene el libro? (enviada por Isabel)
—Mucho. Hot Dogs es, tal vez, el libro que más satisfacciones me ha dado, empezando por el Gran Angular, siguiendo por el premio Protagonista Jove 2002 (que otorgan los lectores jóvenes), sus diversas ediciones —las ya cuatro en catalán y la castellana que acaba de salir en Alba— y terminando por las reacciones de los lectores. El otro día una chica me escribió para decirme que ha decidido estudiar veterinaria después de leer Hot Dogs. Es el colmo.

 —Por cierto: ¿es la literatura juvenil un género per se? (enviada por Isabel)
—Todo depende de lo que se entienda por género. La literatura juvenil es, desde luego, un invento reciente —tan reciente como esta dilatada adolescencia que vivimos ahora—, que cumple una finalidad y tiene un objetivo: entretener, divertir, crear lectores, sí, pero también, en cierto modo, transmitir unos ciertos valores. Entre ellos, el de la pasión por la lectura. Eso la convierte en un fenómeno único.

—¿Qué se te ocurre para incitar a los jóvenes a que lean más?
—Se me ocurre escribir buenas novelas. Eso intento.

—En el referéndum por Harry Potter, ¿usted vota sí o vota no? ¿qué le parece la prosa de la Rowling?

—Voto sí, por supuesto. Cualquier cosa que cree lectores me parece buena. ¿La prosa de Rowling? Me parece un poco espesa. Y extensa, muy extensa. Yo me aburro un poco con Harry Potter, debo confesarlo, pero está claro que la equivocada soy yo.

—Ya que estamos: ¿qué es la literatura femenina? Nos lo explique.
—Nada. Es la literatura masculina vista por un director de marketing.

Se le acerca el señor José Manuel Lara, y le dice «¿Te hace otro premio?». Y entonces usted va y le contesta...
—Lo primero, un exabrupto. Del susto, porque eso de que los espíritus vayan por ahí ofreciendo premios ya es lo último. ¿O se trata del hijo? Entonces le preguntaría: «¿A cambio de qué?» Y si me dijera algo no muy gravoso, como por ejemplo: «De tu alma», yo aceptaría de inmediato, claro.

—Presidió la Asociación de Jóvenes Escritores, pero la dejó estar. ¿Por qué? ¿Por qué dejó de ser joven? (para imprimir esta pregunta, cargamos el tóner de mala leche en lugar de tinta).
—Yo no he dejado de ser joven, caballero, por quién me toma. A este paso, voy a llegar a ser más joven que mis hijos. Presidí la Asociación hasta que dejó de existir. Dejó de existir porque la maté. Y la maté porque era mía.


—Ahora con buen café: ¿es el escritor un ser individualista y por eso se acabó el asociacionismo? ¿Por eso acabaron las tradicionales charlas de seculas seculorums pasados?
—Algo aprendí de la Asociación: que pagar una cuota no te hace escritor. Charlar mucho o muy bien en una tertulia, tampoco. Sólo escribir siempre y exigirte mucho te hace escritor. Y eso es una lucha en solitario, además de un lento aprendizaje. Sobre las charlas en los cafés podría hablar Sábato, quien dice que en todo Buenos Aires no hay un solo café donde se pueda hablar con un amigo a un volumen normal. Steiner reclama silencio. El silencio es un bien escaso y muy necesario. Habría que pensar en ello.

—Ya puestos: ¿Qué opinión le merecen las charlas literarias virtuales?
—Hombre, si se trata de pasar el tiempo en un chat, más vale hablar de algo que tenga chicha que repetir los mil lugares comunes de siempre. Pero donde esté un buen libro…

¿Qué hace una chica como usted con una web caresantos.com como la suya?
Un poco de todo. Me explico, me burlo, me pongo seria, invito a los amigos, recibo y hasta poso desnuda.

—¿Qué cara pone cuando la gente cuando le dicen «te presento a Care Santos» y no dicen siquiera «tu nombre me suena de algo?
—Yo nunca recuerdo la cara de nadie. Que la gente no se acuerde de mí me parece lo más natural: hay tanta gente que no me recuerda y —sorpréndase— ¡incluso hay más que no me conoce! En cambio, cuando me presentan a alguien que de pronto exclama: «¡Pero si es Care Santos, qué ganas tenía de…, en persona se te ve más…», me entran ganas de encerrarme en el baño más próximo y no salir hasta que se haya ido.

—A ese mismo despistadillo, recomiéndele una de sus obras para que empiece a conocerle.
—No, no, no, para que me conozca de verdad, siempre mejor una obra ajena: Razón de amor, de Pedro Salinas.


—Una impertinencia: ¿ser mujer, joven y atractiva es un impedimento o un
aliciente en el mundo editorial para publicar?
—Y yo que sé. Hemos quedado que yo ya no soy joven, ¿no? Atractiva, creo que no lo he sido jamás. Mujer… eso sí. Pero me temo que un requisito de tres no es suficiente. Pregúntele usted a otra, si es que encuentra alguna que, además de todo eso, escriba. Yo quisiera seguir publicando.

—En plan telegrama: la polémica sobre «Todas putas» fue...
—Una estupidez. Qué asco de mundo políticamente correcto donde ya no se puede ni provocar.


¿Cómo valorarías el trabajo de la administración a la hora de fomentar la cultura de este país?
—Muy bueno para la administración.

—¿Para qué emplea Internet Care Santos? ¿Se mete de estrangis en los chats? ¿Tiende en los foros aquellas cosas que no le/se permite(n) publicar?
—Empleo internet ab-so-lu-ta-men-te para todo. Hago la compra del súper, realizo mis pagos desde la web de mi banco, escribo a mis amigos, trabajo, curioseo, me documento y de vez en cuando hago el cabra en algún chat, casi siempre porno.

Pregunta impersonal y transferible: ¿cuál es su proyecto más inmediato?
—Terminar de contestar a sus preguntas.

—Manías, fetiches y supersticiones a la hora de ponerse a escribir de Care Santos. A saber.
—Mi ordenador, mi adsl para estar siempre conectada, mi Diccionario de la Academia en el lector de cedés, mis Suites para violoncello solo, de Bach sonando (si puede ser en la versión de Yo Yo Ma, mejor), sobre la mesa, la foto de mis hijos y la de su padre. Frente a mí, los mismos versos de Machado que me acompañan desde hace más de 10 años.

—Es triste de pedir, pero más triste es de robar: dé un consejito para estos pobres aficionadillos...
—Los versos de Machado, mira tú, y así desvelamos el intríngulis:
Sabe esperar, aguarda que la marea fluya / —así en la costa un barco— sin que el partir te inquiete./ Todo el que aguarda sabe que la victoria es suya; / porque la vida es larga y el arte es un juguete./ Y si la vida es corta / y no llega la mar a tu galera / aguarda sin partir y siempre espera / que el arte es largo y, además, no importa.

Toma ya.

 

Entrevista realizada por Juan Carlos Santamaría y publicada en septiembre de 2003
en la revista virtual www.pombo.webcindario.com