Una fábrica de historias

Por Víctor Vives

 

Un zulo de diez metros cuadrados, con medio techo inclinado en forma de tejado. El radiador, el sofá, una colección internacional de revistas literarias y la mesa del ordenador. Encima de ésta puede verse una foto de Deni, su pareja, y otra de Adrián, su hijo. Es el sancta sanctorum de Care Santos.

            Nos acomodamos en el sofá azul, estampado en colores vivos, y me explica su rutina. Care es un animal nocturno. Para mí, primera hora son las once. Y por las mañanas me dedico a mi familia. La creación viene luego. Antes, muchas veces empezaba a escribir a las once de la noche y lo hacía hasta las cuatro o las cinco de la madrugada. Ahora, en cambio, trabaja, sobre todo, por la tarde. Maternidad obliga. Entonces el zulo se llena de música clásica. Instrumental, porque los cantantes la distraen. Preferentemente Bach, las Suites para Cello Solo. Suena idílico... Pero no debe de serlo tanto. Trabajo como una cabrona, advierte.

            Eso sí lo tiene: a la hora de hablar, es directa. Un punto descarada, incluso. También debe de estar cargada de paciencia: tuvimos que interrumpir la conversación media docena de veces por culpa de la cinta de la grabadora, que se enganchaba a cada rato, pero ella mantuvo la sonrisa hasta el momento de la despedida.

 

El método

            Yo destrozo todos los mitos, asegura. Trabajo de una forma muy sistemática, muy constante. Como una hormiguita. Care Santos tiene poca fe en la inspiración: He conocido colegas que escriben a fuerza de cocaína. También están los baudelaireanos, que escriben entre borracheras y momentos de lucidez. Yo no. Ella prefiere el método.

            Parte de una idea. Una buena idea. Porque no basta con escribir bien, hay que tener algo que decir. La idea se deja madurar, a fuego lento. Se acompaña de la documentación correspondiente: archivos, bibliotecas, Internet, etc. La idea se convierte en esquema. Y el esquema, en capítulos. Conviene alternarlos, en momentos de más y menos intensidad. No necesariamente se escriben seguidos: si hay uno que da más pereza, se puede pasar al siguiente. Eso sí: hay que cuidar los inicios y los finales. Los primeros, para que enganchen al lector desde el principio. Los últimos, para no defraudar las expectativas. Según la autora, los personajes son el relleno: Cuando tengo clara la novela, decido con quién la relleno, quiénes son los actores. Necesito creérmelos para poder contárselos a otras personas.

            Care Santos estudió Derecho —accidentes que ocurren—, pero desde muy joven se dedicó al periodismo. Y por deformación profesional, acostumbra a escribir demasiado rápido. Después tiene mucho trabajo para revisar sus textos. La relectura llega a veces hasta el aburrimiento. ¡Llego a saberme mis libros de memoria! Seguramente, de todo lo que manufacturo, sólo sobrevive un diez por ciento. Intento huir del tópico y no escribir lo que mil veces se ha escrito: Una lágrima salada resbalaba por sus mejillas, ¡agggg! Porque siempre estamos hablando de las mismas cosas. El problema es hacerlo de otra manera.

            Aunque, dentro del método, la escritora se confiesa anárquica: Del mismo modo que soy capaz de estar leyendo al mismo tiempo doce libros, también tengo dos o tres proyectos de escritura simultáneos, y normalmente estoy pensando en cuatro o cinco más.

 

Jugar a dos bandas

            Care Santos es una autora de doble vida. No sólo escribe libros: también hace crítica de los de otros, desde las páginas del suplemento El Cultural, de El Mundo. No parece muy agradable. Cuando empecé, lo miraba todo con escuadra y cartabón. Dos y dos siempre sumaban cuatro. Me tomaba la libertad de decir alegremente que una novela estaba bien o mal... Y luego dormía tranquila. Ahora, cuanto más tiempo pasa, peor duermo y más dudas tengo cuando me planteo el dos más dos. A veces, los criticados se cabrean, y mucho. Ella les manda uno de sus libros, para que se venguen. Alguno lo hace.

            Y todavía tiene otra doble vida: La experimento de un modo muy intenso, explica. Tengo una faceta doméstica, de madre de familia vulgar, tópica... Y otra, que cultivo a días alternos. La segunda es la loca, la que es bien capaz de escaparse a una isla boliviana en la que ni hay luz eléctrica... y encontrarse tan a gusto. La creadora surge de esta suma. Son las dos Cares de la misma moneda.

 

Publicado en la revista Mataró Report en abril de 2003. Traducción de D.O.G.