«Apuesto lo que queráis a que mis novelas para jóvenes interesan también a los lectores adultos»

1.-Tu ya extensa y premiada producción literaria denota una marcada preferencia por la literaturas juvenil. ¿Cual es la razón?
Creo que todo se limita a una cuestión de tamaño. Me siento cómoda en los relatos de alrededor de 100 páginas. Es la longitud que corresponde a la novela corta, a la nouvelle, un género que como lectora también me interesa mucho. Hay un segundo motivo, digamos subjetivo, del que son responsables mis lectores: son un encanto. No quiero dejar jamás de escribir para ellos, aunque lo haga con menor promiscuidad que hasta ahora ( o no, eso nunca se sabe).


2.-¿Como fueron tus primeros encuentros con la lectura?
Apasionados. Decimonónicos. Desmedidos en todos los aspectos. Fascinantes.
Y de una inocencia arrebatadora. Quién pudiera volver a leer así, sin condicionantes.


3.-¿Y con la escritura?
Inevitables. Empecé a escribir por imitación de mi madre. Ella escribía un diario íntimo en un cuaderno precioso. Lo hacía de noche, en su escritorio, con su quinqué y una pluma especial para ello. Los cuadernos no se los dejaba leer ni a mi padre. Aquello era tan misterioso que empecé a escribir para ser igual de interesante que ella. O para tener algo que esconder. Para guardar mis propios secretos.

 

4.-Te dedicas a la critica literaria y a la narrativa. ¿En cual de las dos te sientes mas cómoda?
Por supuesto, en la narrativa. No hay color. En la crítica me siento cada vez más incómoda. Cuanto más publico y más camino recorro, menos me satisface cumplir con el papel de salvar o condenar la obra ajena. No porque se me anule el criterio, todo lo contrario: de eso tengo cada vez más, y lúcida lo soy más ahora que cuando empecé, hace ya más de 10 años. Es más bien una cuestión de responsabilidad: me hace sentirme pasada a las líneas enemigas. Máxime porque, he aprendido, se tarda igual y se invierte la misma cantidad de esfuerzo en escribir un libro bueno que uno malo.


5.-La literatura especifica para jóvenes parece una creación del siglo XX, pero hay muchas magnificas novelas como "La isla del tesoro" que ahora se consideran clásicos de la literatura juvenil y no creo que se escribieran con la intención de llegar a serlo. ¿Crees que Stevenson pensaba en los lectores jóvenes cuando la escribió? ¿Lo haces tú?
Ya lo creo que Stevenson pensaba en los jóvenes. En uno por lo menos: Lloyd Osbourne, de 13 años, el hijo de su esposa, para quien la escribió, durante un aburrido verano en que el chaval no encontraba entretenimiento a su alcance. Comenzó por dibujarle el mapa de una isla misteriosa donde se escondía un tesoro pirata, y a partir de ese dibujo fue construyendo la historia día a día. Por eso el protagonista, Hawkins, tiene una edad muy similar a la del lector cuya implicación se busca. Stevenson dio, con ese detalle, una de las claves de la literatura para jóvenes. La novela se publicó en una revista para adolescentes, «Young Folks», por entregas, en 1881 y tuvo mucho éxito, claro.  Perdonad el rollo histórico, pero es que me habéis pillado preparando una conferencia sobre esto de escribir para jóvenes, que tan mal ven algunos. La literatura hecha para jóvenes necesita valerse de ciertos cebos, ciertos señuelos pensados sólo para interesar a unos lectores díscolos y difíciles como son los chavales. Pero, si está bien hecha, interesará a todos como lo hace, el ejemplo es perfecto, La isla del tesoro, pese a que no hay relato juvenil más juvenil que ése. También Julio Verne escribía para ellos, y Tolkien no se los quitaba de la cabeza mientras concebía su famosa trilogía, ¿por qué, si no, el protagonista es Frodo, con quien tan fácilmente pueden identificarse los jóvenes? ¿Y por qué el valor de la amistad, a través de Sam, tiene tanto realce en la trama? Además, Tolkien buscó el consejo de un crítico severo antes de dar la novela a su editor: su hijo adolescente. Yo también pienso en los jóvenes, mis niños de 14 a 18 años, cuando escribo para ellos. Son lo primero. Pienso en ellos en positivo: no quiero tratarles de tontos, como hacen algunos, ni de ignorantes. No quiero darles lecciones, enseñarles cómo han de pensar. Nada de eso. Quiero mostrar. Compartir. Interesar. Divertir. Quiero que se identifiquen con lo que leen. Quiero que me digan que no pueden soltar mi libro y que lo han leído durante una noche en vela (me pasa, de verdad), quiero un diálogo con ellos. Y apuesto lo que queráis a que mis novelas para jóvenes interesan también a los lectores adultos. O, por lo menos, a aquellos que se atrevan a vencer el topicazo y leer un libro publicado en una colección para jóvenes.


6.-¿Puedes darnos unas pinceladas de lo que es para ti literatura juvenil?
Lo mismo que literatura, sin adjetivos: un territorio donde puedes vivir otras vidas —para eso leemos, ¿no?— que te emocionen, en un momento dado, más que la tuya. Un espacio para la fascinación.


7.-Volviendo a tu faceta de critica literaria. ¿Crees que la que se hace actualmente en España goza de buena salud?
Hace un tiempo hubiera contestado un no muy argumentado. Ahora, que me estoy volviendo conservadora, prefiero decir que me considero poco solvente para responder a esta pregunta. Que responda un crítico de verdad.


8.-¿Y qué me dices de la narrativa? ¿Progresa adecuadamente?
Me interesan algunas cosas que están pasando. No sólo en narrativa, también en poesía, donde sí creo que se está dando una hornada de voces muy interesantes y muy jóvenes. En narrativa se comete a menudo el pecado de la prisa. Se publica mucho —mira quién fue a hablar, ¿verdad?— y con mucha facilidad. Soy de las que creen que entre la cantidad debe existir la calidad, sólo hay que saber dar con ella.

 

9.- En cuanto a la novela premiada con el Gran Angular, "Los ojos del lobo". ¿Nos puedes anticipar algo de su contenido?
Es una novela sobre la desazón de la pérdida. Un pueblo entero dedicado a buscar a una adolescente que ha sido secuestrada frente a su casa, cuando regresaba de una fiesta. 88 personajes, la misma cantidad de puntos de vista, cambios de voz narrativa, muchos escenarios. Una novela difícil —la más compleja de todas las que he escrito, sin duda—, nada amable, que parte de la rabia y busca provocar la emoción.


10.- Eres una escritora muy productiva, imagino que estarás preparando algo...
No sé si soy muy productiva. Sé, por lo menos, que ahora estoy en racha, y estas cosas hay que aprovecharlas porque se acaban. Estoy escribiendo otra novela para jóvenes. El trasunto es la pasión por la lectura, pero hay mucho más que eso, claro, como El Quijote es mucho más que una novela sobre la locura. De vez en cuando escribo microcuentos. Me encantan. Tengo más de un centenar, y creo que he encontrado también un editor con agallas suficientes para publicarlos. Por último, me ronda una novela más larga, de esas que los demás consideran para adultos. Me muero de ganas por empezar a escribirla, pero todo a su tiempo.


11.- ¿Como es un día de trabajo de Care Santos?
Mi jornada laboral empieza después de comer, aunque por las mañanas mariposeo por aquí y por allá: por el correo electrónico, por Internet, doy vueltas por la casa, salgo de compras… A las 4 cierro la puerta de mi estudio y no quiero saber nada más del mundo hasta las 8. Después de una pausa para la cena —de mis hijos y propia—, vuelvo al estudio para retomar el asunto. Trabajo, por regla general, hasta después de la medianoche. El día que no he terminado tres páginas me siento terriblemente desgraciada. Y he de decir que cada vez me cuesta más. Curioso fenómeno.


12.- Por ultimo ¿Puedes darnos el nombre de dos o tres autores o novelas que te hayan resultado particularmente reveladores?
Últimamente estoy leyendo literatura rusa. Siempre me ha gustado Nabokov, pero hace poco descubrí «Pnin», una novela que me envió y recomendó mi amigo —escritor, traductor de ruso— Víctor Andresco. Todo un descubrimiento. También lo es «Padres e hijos», de Turgueniev. Era muy hábil este hombre creando situaciones en las que el lector siente que todo puede estallar en cualquier momento, y esa historia es un buen ejemplo. Y dos descubrimientos más: los textos no poéticos —los poéticos también, claro, pero ésos ya los conocía— de Anna Ajmátova y los ensayos, tan lúcidos, tan inteligentes, tan divertidos, de Joseph Brodsky. Podría seguir, y la lista sería interminable.

 

Entrevista realizada por Alejandro Pérez-Prat para el número de mayo de la revista virtual literaturas.com