| Por Karolina ALMAGIA, Bilbo
“Infieles e infelices” es el gráfico subtítulo de
“El síndrome Bovary”, último libro de una autora que ejerce el periodismo y la
crítica literaria desde muy joven y ha publicado varias novelas, entre ellas
“Trigal con cuervos” y “Matar al padre”.
¿Qué es “el
síndrome Bovary”?
En este caso, es una
novela gamberra en la que me río de la condición femenina y hago crítica
constructiva sobre ella, no exenta de un poco de mala baba. Si alguien tiene que
reírse de nosotras somos nosotras mismas. A veces hay que dejar de ponerse tan
autoanalíticas y mirarse con un poco de distancia e ironía. Esto no lo puede
hacer un hombre, claro, porque nos lanzamos a su yugular.
También se ríe de
los hombres.
La verdad es que no
queda títere con cabeza. Me río de los hombres, de las mujeres, de las
izquierdas, de las derechas, de los editores, de los escritores… Pero los
hombres se van a reír especialmente porque se van a sentir muy identificados
como víctimas de la condición femenina.
¿Somos tan
maquiavélicas como nos pinta su novela?
Bueno, somos
complicadas para bien y para mal, y eso no es un mito. Las mujeres para recorrer
una línea entre dos puntos damos unas cuantas vueltas.
A parte de ironías,
sexo y mala leche, tiene intriga.
He puesto muchas ganas
en que el lector se carcajee y también recolocado una trama de suspense a través
de la desaparición de un chip que andan todos buscando como locos. En el fondo,
es una novela de personajes desquiciados. Todas las mujeres que tenemos entre
treinta y cuarenta años estamos desquiciadas. Somos muy compadecibles, queremos
hacerlo todo bien: ser grandes profesionales, ser madres, esposas, llevar la
casa andante… Lo intentamos todos los días y así no vas, porque es imposible.
HUMOR
«En esta novela
no dejo títere con cabeza. Me río de la condición femenina, pero también de los
hombres, del mundo editorial, de las izquierdas y de las derechas»
¿Se ponen tantos
cuernos en la vida real?
¡Sí, claro! No sé si
sabes que, en Europa, según las estadísticas, la causa principal de la
infidelidad femenina es la venganza, por encima del aburrimiento, que es la
segunda. Sí, claro que hay cuernos y los habrás mientras haya parejas. La vida
es muy aburrida. Tal vez lo que hay que hacer es ver los cuernos con un poquito
de distancia y con un poco de humor. De todas formas, se puede hacer mucho el
cabra, pero si realmente te tomas la vida en serio regresas a aquellos lazos que
has construido. La felicidad es algo a largo plazo y la gente tal vez lo
entiende demasiado a corto plazo.
Usted conoce bien
el mundo editorial. ¿Es tan crudo y ridículo como lo pinta?
Bueno, está muy
esperpentizado en la novela. Hay algunos malos editores, algunos pésimos
escritores como estos que salen y también los hay muy buenos, pero aquí no
tenían lugar. Me he inspirado en personajes reales, pero he sido buena y no he
dado ningún nombre, aunque son inidentificables para cualquier lector. El mundo
editorial me servía porque es el más desquiciado de todos. Todo el proceso de
fabricación de best-seller que sale en la novela es completamente real, el caso
de “La catedral del mar”, que fue reescrito por un lector, es conocido por
todos. |