Inicio    |    Sala de Prensa    |    A los chavales les digo: No leer es como no practicar el sexo

por Martín López-Vega

Care Santos (Mataró, Barcelona, 1970) es una escritora todoterreno. Acaba de ganar el premio de literatura juvenil Gran Angular con Los ojos del lobo, un relato que nació de la historia de Sonia Carabantes, a la vez que llegan a las librerías sus dos nuevos libros: Matar al padre (Algaida), un homenaje a sus ancestros literarios que también tuvo premio (Alfonso Cossío de relatos), y ¡Déjame terminar! (ahora hablan ellas) (El Cobre), un reportaje —«este libro tiene más de 150 autoras», dice— sobre la mujer de hoy y su visión de los hombres. Que es otra novela...

Pregunta: Los ojos del lobo parte de una noticia: la desaparición y posterior asesinato de Sonia Carabantes. ¿Cómo surge de ahí una novela juvenil?
Respuesta: De la rabia por lo sucedido, del inconformismo, de las muchas preguntas sin respuesta. Toda novela surge de la imposibilidad de callar.

P: ¿Le ha visto alguna vez los ojos al lobo?
R: Hay lobos de muchas clases. Algunos no te quitan los ojos de encima.

P: ¿En qué se diferencia escribir para adolescentes y hacerlo para todo los públicos?
R: Los adolescentes dan más satisfacciones. También son lectores más críticos, menos complacientes. Pero ante la pantalla en blanco, es lo mismo. Difícil. Escribir siempre es difícil.

P: ¿En qué se diferencia un joven con un libro de un joven sin libro?
R: El del libro tiene más posibilidades que el otro de saber lo compleja que es la realidad, de entender algo algún día. Y también de ser más feliz. Cuando charlo de libros con los chavales, en los institutos, suelo decirles que no leer es como no practicar el sexo: privarse de uno de los mayores placeres —y de los más baratos— de la vida.

P: ¿Tiene algo en contra de los videojuegos?
R: Sí. Me parecen tristes entretenimientos concebidos sólo para que la gente pierda el tiempo. Tengo un amigo escritor que regalaba videojuegos a otros escritores de su generación con la esperanza de quedarse sin competencia. Además, los pocos que conozco me han parecido muy aburridos.

P: ¿Y algo a favor de la televisión?
R: Hay televisión para todos los gustos. Veo poca, pero cuando lo hago, la disfruto. En cambio, podría decirle cosas horribles de los espacios que la televisión dedica a hablar de libros. 

P: Sus relatos juveniles son muy poco "políticamente correctos"...
R: Me lo tomaré como un cumplido, pero en algunas ocasiones eso resulta un problema. Intento escribir para lectores inteligentes, tengan la edad que tengan.

P: ¿Cómo le contaría a un niño el 11-M?
R: Esperaría a que creciera, a ver si mientras tanto se me pasa la rabia.

P: ¿Hay cosas que es mejor que los niños no sepan?
R: Todo a su debido tiempo. Hay mucha vida para ver las cosas con toda su crudeza.

P: ¿Es posible ocultarle algo a un niño?
R: Si me habla de literatura, diría que necesario. Además, el secreto de ls buenas historias está en lo que no se dice. Si hablamos de la vida, la sinceridad suele ser la mejor bandera.

P: Acaba de publicar también Matar al padre. ¿De verdad es necesario matar al padre? ¿No basta con mandarlo a un asilo?
R: Soy incapaz de ambas cosas. Hasta el extremo de homenajear a mis ocho progenitores literarios. Todo lo demás es un juego. Aunque seguro que habrá quien no lo entienda y me acuse de cosas muy feas.

P: ¿Todos sus padres son del otro lado del charco?
R: Alguno autóctono encontraríamos, si buscáramos bien. Como lectora, soy culo de mal asiento. Aunque miro mucho a América Latina.

P: En su web aparece en una foto ante el cartel de Trescares. ¿Cuántas Cares hay en Care?
R: Por lo menos dos, que yo sepa: la viajera y la mujer de su casa. Ninguna de las dos puede pasar sin escribir.

P: He leído que de vez en cuando anda por los chats pornográficos... ¿Ha encontrado ahí material para sus escritos? ¿Y alguna otra cosa?
R: Desde luego, cualquiera tiene un secreto con usted. Los lugares de mala nota suelen ser más interesantes. Se encuentra de todo. Al padre de mis hijos, sin ir más lejos. Pero no se lo diga a nadie.

P: Ha vivido más de 12.400 días y escrito unas 10.000 páginas. ¿Preferiría más días o más páginas?
R: Ambas cosas llegarán. Espero.

P: ¿Cuál fue el primer libro que leyó?
R: Mis primeras lecturas adultas fueron de poesía. Antonio Machado, Bécquer, un cubano muy cursi que me fascinaba llamado José Ángel Buesa, Heine, Sor Juana…

P: ¿Y el primero que la hizo ser la Care Santos que es hoy?
R: Pasé una etapa de indigestión de Gabriel García Márquez que me costó mucho superar. Todo lo que escribía se parecía a Cien años de soledad o a Crónica de una muerte anunciada. Cuando se me pasó, empecé a ser un poquito la que voy a ser algún día.

P: ¿Y alguno que le hiciese dudar lo que era?
R: Muchos de los mejores. La buena literatura siempre genera dudas inquietantes en quien empieza.

P: ¿Tiene un lema?
R: Sí: La literatura es un largo camino y yo apenas estoy empezando a recorrerlo. No tengo prisa. Espero seguir en él dentro de 20, 30, 40 años y hacerlo mucho mejor que ahora. También aspiro a que otros se den cuenta, pero sin obsesionarme.

 

Entrevista publicada en El Cultural, suplemento del diario El Mundo, el 22 de abril de 2004