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Por Carmen Fernández Etreros
Las palabras de Care Santos irradian
pasión por la literatura y por la vida. Escritora de narrativa para adultos y
narrativa juvenil, crítica literaria en el diario El Mundo y profesora de
talleres de narrativa, acaba de recibir el V Premio Alandar de Literatura
Juvenil otorgado por la Editorial Edelvives por su nueva novela El anillo de Irina. En esta entrevista charlamos con ella de su labor como escritora de
novelas para jóvenes y del panorama actual de la literatura juvenil.
En los últimos años has
escrito novelas para jóvenes como Los ojos del lobo, Operación Virgo
o Hot Dogs.
¿Por qué escribes literatura juvenil? ¿No te parece un terreno de arenas
movedizas?
Me lo parece, y precisamente por eso me
gusta. Detesto lo facilón. Escribo literatura para jóvenes por diversos motivos:
porque me ofrece retos cada vez distintos y también –sobre todo- porque los
lectores a los que me dirijo, los adolescentes, me gustan. Me gusta tenerles de
interlocutores.
¿Qué crees que puede encontrar un
lector joven en tus libros?
Espero que encuentren lo que me gusta
encontrar a mí en toda novela: emoción, personajes creíbles e interesantes,
situaciones que les den ganas de seguir leyendo, complicidad y, por encima de
todo, inteligencia: alguien que no les trate como si fueran tontos, que les
dejen participar.
¿Cómo describirías el estado de
salud de la literatura infantil y juvenil en España? ¿Crees que necesita algún
tipo de empuje o ayuda y si es así quién podría darlo los profesores, los medios
de comunicación, las editoriales,...?
Cada vez mejor. Hay buenas colecciones,
buenos editores, buenos autores y muchos lectores. Echo de menos una crítica
especializada seria, algún congreso de nivel donde se debatan aspectos
académicos relacionados con la LIJ (y no sólo comerciales) y más presencia de la
LIJ en los grandes medios de comunicación.
Según el último Barómetro de hábitos
de lectura y compra de libros en España de la Federación de Gremios de Editores
de 2004 el grupo de población de la minoría lectora que más lee es el de las
edades comprendidas entre los 14 y 24 años con un 72% de los lectores, ¿cómo
crees que se puede mantener esta buena tendencia lectora entre los jóvenes?
¿Cómo puede competir un libro con la televisión o la playstation?
Creo en la calidad. Debemos luchar por ella.
Todos: autores (los primeros, nos conviene ser muy autocríticos), los editores,
los distribuidores, los libreros… También convendría que se dejara de hablar de
libros como de algo elevado e intelectual y se reivindicara el papel lúdico de
la lectura. ¿Por qué en las páginas dedicadas a “Ocio” de las revistas y
periódicos encontramos cine, música, teatro… pero raras veces libros? No lo
entiendo. ¿Qué es la literatura, pues, sino una de las maneras más estupendas,
baratas y asequibles de divertirse? Mi infancia y mi adolescencia hubieran sido
muy tristes sin libros. A eso me refiero.
¿Cuáles piensas que son las claves
del éxito de una novela juvenil: su capacidad para entretener, su posibilidad de
conexión con la psicología de los jóvenes, la dosis justa de aventura e intriga,
la posibilidad de conectar con mundos fantásticos o mágicos,...?
Si alguien tuviera las claves del éxito esto
resultaría muy aburrido. Yo sólo sigo dos reglas: debe haber algún personaje que
tenga una edad parecida a la del supuesto lector para que a éste –que no es un
lector con muchas horas de vuelo- le sea más fácil identificarse con lo que se
le cuenta. La segunda: el peor pecado que puede cometer un escritor es aburrir.
El resto, lo aplico a cualquier literatura: quiero emocionar, contar lo mejor
posible, que resulte creíble (incluso dentro de lo más increíble).
¿Piensas en tus lectores jóvenes
cuando escribes? ¿Qué les diferencia de los lectores adultos? ¿Mantienes algún
tipo de contacto con ellos?
Pienso en ellos y en su enorme capacidad para
apasionarse con lo que hacen, también con lo que leen. Una pasión que, por
cierto, no tienen ningún reparo en mostrar abiertamente. Eso raras veces sucede
con los lectores «adultos». Y sí, mantengo un estrecho contacto con ellos a
través del correo electrónico y de mi página web. Es una relación que me
alimenta, que me da argumentos y motivos para seguir escribiendo.
En tu última novela juvenil El
anillo de Irina desarrollas el tema de la pasión por la lectura, ¿Cuáles fueron
esas lecturas que despertaron tu vocación escritora y que recomendarías a tus
lectores?
Hubo muchas, y no todas confesables. En
concreto, El anillo de Irina habla de literatura rusa. Yo la descubrí a los doce
años, leyendo una novela de Ivan Turguéniev llamada Primer amor. Desde entonces,
jamás he dejado de leer autores rusos. Las cosas que contaban, los paisajes que
describían, aquellos personajes de la vieja burguesía, las vicisitudes de la
última etapa zarista… todo eso me alejaba de una infancia feliz pero, me temo,
muy aburrida. Más tarde descubrí las biografías de algunos de mis escritores
rusos más admirados —Chejov, Turguéniev, Tolstoi, Gógol…— y me apasionaron aún
más que sus obras. Cuando empecé a escribir quería parecerme a ellos. Por
cierto, creo que también empecé a escribir porque me aburría.
También esta última novela se centra
en el amor complicado de un hombre y su hijo por la misma mujer, Irina de
ascendencia rusa. ¿Crees que el amor sigue siendo uno de los grandes temas de la
literatura?
De la literatura y de la vida. Los libros
hablan de la vida, o deberían hacerlo. Y el amor, por fortuna, sigue siendo una
de nuestras mayores fuerzas motrices. En realidad, hay muy pocos grandes temas.
El amor, la muerte, el aprendizaje (es decir, la vida misma)… Toda la literatura
de todos los tiempos versa sobre ellos.
¿Qué significa otro premio en la
obra literaria de Care Santos?
Otra alegría, claro. Los premios siempre lo
son: una buena palmadita en la espalda que hay que tomar en su justa medida, sin
permitir que se te suba a la cabeza. Y también la posibilidad de llegar a más
lectores, muchos de los cuales tal vez no me conocerían sin este galardón. La
oportunidad de incorporarme a un catálogo —el de Edelvives— que me parece
admirable, y de trabajar con un equipo de personas que me gusta. Y más seguridad
para seguir escribiendo, claro.
Si miras hacia atrás, ¿qué
cambiarías de tu trayectoria, qué has dejado en el camino y qué te gustaría
hacer en el futuro?
No cambiaría nada, ni siquiera los errores
(que los ha habido). De los errores se aprende muchísimo, pobre del que jamás
haya dado un paso en falso. No soy consciente de haber dejado nada importante
por el camino. Me pasé la adolescencia escribiendo, que era ni más ni menos lo
que deseaba hacer. Cuando pienso en el futuro me imagino con la hipoteca pagada,
los niños más independientes y escribiendo, escribiendo, escribiendo. Todos los
días. Como siempre.
¿Qué aconsejarías a un joven
escritor que quisiera dedicarse a la literatura juvenil?
Que escriba y lea todos los días. Escribir,
cualquier cosa. Leer, seleccionando bien. Que no tenga prisa (ya sabéis, los
versos de Machado: Sabe esperar, aguarda que la marea fluya, / así en la costa
un barco, sin que el partir te inquiete… etcétera), que sea muy exigente consigo
mismo y que se acorace frente a los sinsabores que da el mundo editorial antes
de atreverse a conocer a su primer editor. |