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Seix Barral,
Barcelona, 2002 |
Sinopsis
Andrea pinta desnudos utilizando técnicas que priman
lo sensorial sobre lo racional, y mantiene con su modelo una relación sexual
inmersa en una espiral de violencia. Pedro es un ambicioso ejecutivo que trabaja
en un grupo editor de revistas y trafica con secretos de empresa. Malú ejerce de
madre entre los primates que cuida en un zoo, incapaz de tener sus propios
hijos. Simbolizan los instintos básicos: la pulsión violenta, la alimenticia y
la reproductiva, en un universo contemporáneo. En el preciso momento en que sus
vidas se cruzan, los tres necesitan una escapatoria.
¿Es huir un instinto irrefrenable? Huir para dejar atrás una
forma perversa de amar, o para obedecer un impulso. Por es la única salida o
porque es la más atractiva. Aprender a huir es la novela de una búsqueda, movida
por una insatisfacción casi congénita, que cifra en la huida el destino de cada
personaje.
Han dicho de ella...
Uno de los elementos por los que se
reconoce a un buen escritor es por su capacidad de apuesta, por el riesgo que se
considera capaz de asumir. (...) Care, en Aprender a huir, ha optado por
no abandonarse a la comodidad y plantearse en su lugar un reto, como es poner
por obra una novela de estructura inusual, de factura difícil, de resolución
complicada... Narrar, en suma, de un modo distinto al común y hacerlo al mismo
tiempo de tal modo que la lectura no se convierta en un costoso ejercicio. Para
ello, Care ha puesto en juego todo el dominio que pudiera tener de la
organización de un texto, del ritmo, de las pausas, de los flujos y reflujos de
la historia, de los detalles y de las elipsis. Ha desplegado toda su técnica
narrativa, como debería ser regla en los escritores, pero al mismo tiempo sin
atosigar al lector con alardes ni pararse entre páginas a solicitar el aplauso.
Valorando el riesgo y viendo el resultado, es indudable que Care ha aprobado
esta reválida que no necesitaba, pero que aun así se ha planteado, con un
notable alto.
Miguel Baquero
Literaturas.com
* * *
Cabe aludir a la superposición de ambientes y al mecanismo narrativo que nos presenta acciones paralelas en las páginas 74-76, en las que se alcanza la máxima altura de una prosa urdida a la perfección con la difícil estructura. En ese par de hojas, en un mismo y breve fragmento de esta historia coral, contenida a pesar de tanto sexo y emociones a flor de piel, aparece Malú en el hospital con su madre y una enfermera, para pasar en un suspiro a un Deni que está siendo desatado por Andrea en una de sus prácticas sexuales y acabar en otro escenario: la cama en donde duerme el adúltero Pedro con su mujer. En la lectura, no surge ninguna extrañeza ante tales portentosos saltos en el espacio; nuestro entendimiento ha visitado diferentes relaciones en pocos segundos y, sin embargo, seguimos ahí, imperturbables frente a la tragedia universal de desearlo todo y perderlo todo, hasta lo más seguro y constante.
Toni Montesinos
Rabias cruzadas, República de las letras
* * *
...y una crítica negativa (que no falten)
Todo el mecanismo complejo diseñado por la autora responde al deseo de confirmar unos principios abstractos. Pero carga las tintas demasiado en todo ello. Aceptemos que la realidad puede proporcionar situaciones y comportamientos tan retorcidos como los que se nos cuentan. Sin embargo, el criterio de selección unilateral hace que, en conjunto, la novela no sea representativa de nada; lo que cuenta apenas convence. Lo cual es de lamentar, porque despliega un buen arsenal de recursos literarios, maneja variadas perspectivas, utiliza una prosa entrecortada y vivaz y revela versatilidad lingüística e imaginativa.
Santos Sanz Villanueva
El Cultural, suplemento del diario El Mundo, 12 junio 2002