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EL BESO Y EL BOMBERO

 

Tengo tanto frío

oí que le decía

a aquel héroe anónimo

que la miraba a través de una visera

manchada de sudor y polvo.

 

Y él, que la salvó de los cascotes

que todos creían, ya, su tumba segura,

le dio un beso

EL BESO

El que quizás redime a toda la humanidad.

 

 

EL BESO

 

Ya no es el de la foto de Doisneau.

París,

blanco y negro

y un rodear de brazos el cuerpo

y un languidecer de  labios y bocas

en la plaza de aquel hotel.

No, no es ese beso despreocupado

y a la vez intenso.

 

Ahora el único, el verdadero,

es el de aquel bombero

que no se conformó con sacar a la mujer asustada,

aterida de frío,

de aquel lugar donde debió hallar el gélido abrazo de la muerte.

 

El beso,

ese beso,

ese reencuentro con la vida

con los labios emocionados, quizás, de ese bombero.

                                                                       Rescate de un derrumbe.

 

 

NOTICIARIO

 

México DF. Un hombre atropella intencionadamente a unos niños y
niñas que cantaban en la mañana, a la puerta de su escuela. Mayo 2002.

 

Ninguna flor quiere nacer

cuando muere un niño

las olas sólo quieren estar

quietas en el mar

sal sobre sal

el sol no quiere elevarse

en el horizonte

y yo no quiero sentir

más que esta tristeza espesa.

 

Cuando muere un niño

nadie debería escribir un poema.

 

 

La autora

Ángeles Escudero nació en Morón de la Frontera (Sevilla) en 1966. Es licenciada en Filosofía y Ciencias de la Educación. En 1990 resultó finalista del Premio Ateneo de Córdoba de poesía con el trabajo Tiempo de Sal, todavía inédito. Ha colaborado en diversas publicaciones españolas y latinoamericanas. Es autora de las novelas para jóvenes Álex no es nombre de chico (Montena, 2002) y Odiolosdomingos.com (Montena, 2004). Actualmente compagina la labor docente con la escritura.