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EL BESO Y EL BOMBERO
Tengo tanto frío oí que le decía a aquel héroe anónimo que la miraba a través de una visera manchada de sudor y polvo.
Y él, que la salvó de los cascotes que todos creían, ya, su tumba segura, le dio un beso EL BESO El que quizás redime a toda la humanidad.
EL BESO
Ya no es el de la foto de Doisneau. París, blanco y negro y un rodear de brazos el cuerpo y un languidecer de labios y bocas en la plaza de aquel hotel. No, no es ese beso despreocupado y a la vez intenso.
Ahora el único, el verdadero, es el de aquel bombero que no se conformó con sacar a la mujer asustada, aterida de frío, de aquel lugar donde debió hallar el gélido abrazo de la muerte.
El beso, ese beso, ese reencuentro con la vida con los labios emocionados, quizás, de ese bombero. Rescate de un derrumbe.
NOTICIARIO
México DF. Un hombre atropella
intencionadamente a unos niños y
Ninguna flor quiere nacer cuando muere un niño las olas sólo quieren estar quietas en el mar sal sobre sal el sol no quiere elevarse en el horizonte y yo no quiero sentir más que esta tristeza espesa.
Cuando muere un niño nadie debería escribir un poema.
La autora Ángeles Escudero nació en Morón de la Frontera (Sevilla) en 1966. Es licenciada en Filosofía y Ciencias de la Educación. En 1990 resultó finalista del Premio Ateneo de Córdoba de poesía con el trabajo Tiempo de Sal, todavía inédito. Ha colaborado en diversas publicaciones españolas y latinoamericanas. Es autora de las novelas para jóvenes Álex no es nombre de chico (Montena, 2002) y Odiolosdomingos.com (Montena, 2004). Actualmente compagina la labor docente con la escritura. |